Hay
dos objetivos por el cuál es imprescindible rastrear una
presa:
- el primero y el más significativo es por placer
- el segundo es porque se ha herido la presa y debemos como todo
buén cazador rastrearla para no desperdiciarla.
Un buén aprendizaje es observando todas las actitudes del
guía, los movimientos, sus miradas al terreno (una rama
quebrada, el musgo aplastado por las pesuñas, el olor que
deja a su paso), como también reconocer las huellas y su
frescura, no hace saber cuantos días han pasado. El objetivo
primordial para rastrear es mantener el rumbo, dirección
"cortando" las pisadas para corroborarsi estamos en
buen camino, mientras vamos en persecución de la presa.
Cuando se trata de una piesa herida hay que verificar siempre
con luz diurna si hay rastros de sangre, pero no es lo único
lo que lo determina ya que algunas producen hemorragias internas.
Si es así, la espantada del animal va a ser con rumbo errático,
malos trancos, huellas superpuestas, troncos quebrados en la atropellada.
Si el impacto tocó órganos vitales, es suguro de
encontrarla en la espesura del monte. Previo a esto encontrarenos
lugares a donde se hecho para reponer fuerza y sequir. Si el impacto
fue leve, no lo encontraremos y aque no va a detener su marcha
por largo tiempo, y las huellas encontradas van a ser nítidas
y con rumbo definido. Podemos decir de todo lo expuesto que el
rastreo, arte desechado por la modernidad, añadirá
emoción y atractivo a una actividad tan apasionada como
la caza deportiva. El macho "verraco" (como también
se lo llama) adulto imprime un rastro de siete a diez centrímetros
de largo, y posee dos pesuñas y dos espolones por cada
pie. Se diferencia de la hembra por tenerla más ancha y
redonda.