Nada mejor para los que
recién empiezan - y para los otros - que disponer de un
buen conocedor de la zona (baquiano). El lugareño que suele
acompañar cazadores, incentivos mediante, y que da acabadas
pruebas de capacidad, es un elemento tan importante como un arma
bien regulada. Nosotros, los citadinos, jamás legaremos
a dominar los secretos del monte, montaña, valles o la
llanura como ellos.
Son ellos, los baquianos, los que saben de dormideros y pasadas
de los bichos, de sus costumbres y horarios, de las mejores pasturas
y aguadas, de los árboles que utilizan para afilar sus
garras (puma), fregar sus guampas (cornamenta), de los rincones
donde el jabalí encuentra papas de monte y de un sin fin
de peculiares costumbres de los bichos.
Muchas veces los baquianos nos acercarán a la presa mediante
largos rodeos que sin duda serán el camino más corto
para el sertero disparo.