Hola,
soy Guillermo y les quiero agradecer por visitar el sitio. Hace desde
los 6 años que me dedico a la caza y sobre todo a la del jabalí,
debido que es un deporte que me fascina en cuanto al desafío,
astucia, supervivencia ya sea del cazador y/o de la presa. Nuevamente
les agradezco por visitarla y por la ayuda que me brindan día
a día para ir creciendo.
Saludos atte.
Un comentario
La información que
sigue es más que elocuente en cuanto a la riqueza faunística,
no obstante, debo señalar que la Argentina tiene leyes y
reglamentaciones que protegen la fauna, especialmente aquella que
es autóctona. En consecuencia, la observancia de esas reglamentaciones
es condición indispensable para poder cazar en territorio
argentino. Es precisamente por lo antes expresado que nos hemos
de referir a aquellas especies cuya caza está permitida y
aquellas que no lo estén, para poder individualizarlas perfectamente
y no cometer errores y dedicarmos a la información amplia
y veráz de todo lo que necesita el cazador más exigente
para satisfacer su deporte preferido.
Un poco de historia
La caza fue el primer oficio
del hombre, creo que cazar no es matar, y que la persecución
y el acercamiento final a una presa exigen un esfuerzo físico
y mental a toda prueba. La caza es una actividad ennoblecida cuando
se respetan las leyes de la Naturaleza, o mejor dicho, respetar
la ética biológica, como así, las leyes sociales.
No es la cantidad lo que debe halagar el cazador, sino, el resultado
de una penosa espera, una interminable como agotadora caminata o
el estudiado plan para un resultado final. Esto significa cazar
con nobleza, calidad y por sobre todo, respeto. Quien no lo entienda
así, no es digno de llevar un arma de caza. La belleza que
supone la cacería con sus difíciles alternativas,
a las que se añade la condición de la presa, hacen
al cazador sumirse en la tensión del momento, duelo que se
repite inexorablemente desde antiguos tiempos. No siempre se gana,
o bien, no es necesario llegar al desenlace final. La caza siempre
fue una expresión de las costumbres de cada época,
una demostración de valor, habilidad y nobleza. En la edad
media, sólo el señor feudal tenía derecho a
la caza, y es allí donde aparecen los furtivos, que hasta
pagaron con la vida ese amor atávico. Ha pasado mucho tiempo
desde aquella época, y las técnicas han evolucionado
creando estrategias venatorias más robustecidas, con armas
cada vez mas eficientes. Y es allí cuando el cazador verdadero
descubre la necesidad de perpetuar y proteger las especies y aprende
a respetarlas, naciendo de esta forma una expresión de las
costumbres, con la demostración del valor, habilidad y nobleza.
No se puede perder el contacto con la Naturaleza, y por lo tanto,
nosotros, los que nos tildamos de cazadores, debemos constituirnos
en sus máximos y respetuosos defensores.
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